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El microprocesador
Aunque es un elemento bien conocido, el microprocesador está presente en más lugares de los que pensamos. Y es que no sólo tiene cabida en nuestro ordenador, o en los servidores de Internet y los organizadores personales, o en el automóvil, sino que se ha introducido en sitios tan recónditos como el termostato de la calefacción, la nevera, el mando a distancia de la televisión, o los teléfonos móviles.
Sin el microprocesador no conoceríamos el ordenador personal, e Internet difícilmente habría alcanzado su actual importancia y difusión. Es decir, que no habríamos entrado en la “era del Infolítico”, como la denominan algunos autores, que es el distintivo de este siglo XXI.
Pero tampoco serían posibles las impresoras de gran calidad, ni las cámaras digitales, ni los teléfonos móviles, ni el completo control de los parámetros del coche, que incluye desde el encendido electrónico a la gestión completa del mantenimiento, pasando por los sistemas de protección, desde el ABS al inflado de los airbags en caso de accidente.
Este pequeño dispositivo -con, en general, un
tamaño menor que una uña humana- ha cambiado nuestra existencia y la
percepción que tenemos de ella, ha modificado sustancialmente la economía e
incluso las relaciones humanas. En la historia de la humanidad, ningún otro
elemento individual ha alterado tanto la sociedad, la economía y la industria.
En definitiva, resulta la piedra angular sobre la que se está edificando la
moderna sociedad de la información.
Su historia
Como otros tantos inventos, el microprocesador nació de la unión de la casualidad y el ingenio. La historia del microprocesador se comenzó a gestar en 1969, cuando el fabricante de semiconductores, es decir, de chips electrónicos Intel, recibió el encargo de una firma japonesa para crear los elementos de una calculadora programable. El pedido de Busicom fue abordado de la forma usual para la época, que consistía en crear chips específicos para cada tarea. Lo cual dio como resultado la necesidad de crear 12 circuitos integrados distintos.
A la vista de la complejidad, el ingeniero de Intel Ted Hoff tuvo la ocurrencia de diseñar un procesador genérico, cuyo comportamiento estuviera regulado por una secuencia de instrucciones cargable externamente. De esta manera se podía modificar el comportamiento real del chip, pero sin necesidad de rediseñar el silicio, una tarea realmente costosa y lenta.
Así finalmente, el 15 de Noviembre de 1971 veía la luz el primer microprocesador, denominado Intel 4004. Se trataba de un dispositivo de silicio, compuesto por unos 2.300 transistores y que operaba con una frecuencia de 108 KHz. El costo de cada chip Intel 4004 era de unos 200 dólares de la época.
Dado que era un encargo, Busicom había pagado a Intel una cifra cercana a unos 60.000 dólares por el desarrollo. Pero al ser capaz de ver el potencial de su desarrollo, Intel se ofreció a devolver dicha cantidad, y Busicom aceptó encantada, dado que así el costoso desarrollo le salía gratis. Para Intel resultó toda una gran inversión que ha quedado multiplicada con creces a lo largo de sus 30 años de historia. Y que ha convertido a este fabricante de semiconductores en una de las principales compañías mundiales.
Debido a su pequeño tamaño, el dispositivo fue etiquetado como microprocesador, para diferenciarlo de los procesadores que equipaban a los grandes ordenadores de la época. Pero en estos 30 años el microprocesador ha recorrido un largo camino, y ha crecido de forma exponencial. Así, el último procesador de Intel, el Pentium 4, contiene más de 42 millones de transistores y opera con velocidades de 2 GHz, es decir 2.000 millones de ciclos por segundo.
O como indican fuentes de Intel, haciendo gala
de sus peculiares y no siempre aceptadas comparaciones: si los coches hubieran
experimentado el mismo avance, sería posible recorrer 5 millones de kilómetros
con 5 litros de gasolina y sólo se necesitarían 13 segundos para recorrer la
distancia entre San Francisco y Nueva York.
Por todas partes
Claro que el número de microprocesadores existente en la actualidad es difícilmente calculable. Se han introducido de tal manera que la báscula de baño, el mando a distancia de la tele o los monitores sobre los que vemos ya sea la televisión o la presentación del PC, están basados en ellos. El microprocesador es capaz tanto de poner inteligencia en los teléfonos móviles o en los asistentes digitales personales, más conocidas por sus siglas inglesas de PDA, como de ser el cerebro de un satélite espacial. Claro que no es un campo nuevo, ya que en 1972 se convirtió en el “piloto” automático de la sonda espacial Pioneer 10 Deep.
La programación del vídeo reproductor, el control de tiempo del microondas, el sistema de alarma doméstico o el programador de calefacción, también están basados en microprocesadores. Así como los relojes digitales, los juguetes electrónicos, o los analizadores de sangre. Sin olvidar servidores, pasarelas y routers de Internet.
Según algunas estimaciones, en una casa normal ya existen unos 40 microprocesadores cumpliendo diversas funciones. Número que aumenta con otros diez si cuenta con ordenador personal. Así que, sin que nos demos cuenta de ellos, más de medio centenar de estos inteligentes elementos se encargan de facilitarnos la vida de muy distintas formas.
Y todo ello a partir de uno de los elementos
más abundantes en la naturaleza: el silicio. Es decir, un poco de arena. Claro
que para lograr que se convierta en un microprocesador se necesita una
tecnología e ingeniería que requiere cientos de miles de millones.
GLOSARIO
Hz. Hercio. Medida del número de veces por segundo que cambia una señal. Media de velocidad de los ordenadores.
KHz. Kilo hercio. Millares de hercios.
PDA, Personal Digital Assistant, asistente digital personal. Dispositivo, como los Palm o los Pocket PC, capaz de almacenar información personal de citas, contactos y notas.
Publicado en ©Buongiorno 2001 Surf Internet, autor Juan Rubio