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Tu identidad en la red

El Zorro, el Llanero Solitario, el Fantasma de la selva, el Capitán América, y un largo etcétera conforman a los innumerables héroes que ocultan su identidad tras una máscara. Pero no hace falta ser ni un héroe ni una persona famosa para que deseemos ocultar nuestra identidad real cuando navegamos por la red. Sobre todo, cuando hay buitres al acecho esperando sacar tajada con nuestros datos personales.

Si todos fuéramos personas honestas y sin motivos ocultos, sólo los forajidos usarían una máscara para ocultar su identidad. Pero el mundo, tanto real como cibernético, está lleno de gente dispuesta a sacar provecho de los datos que adquieren sobre otros.

Antes de aventurarse a navegar por la red, hay que tener en cuenta ciertos postulados:


El navegante enmascarado


Cualquiera que utilice un programa de cortafuegos (firewall), y que tenga activadas las alertas de intrusión, o que revise periódicamente los registros de actividad, comprobará que ha sido objeto de diversos intentos de entrar en su computadora. Estos intentos han quedado neutralizados por el cortafuegos, cuya misión es, precisamente, ocultar e impedir el acceso a los recursos internos de nuestro ordenador o nuestra red.

Si intentamos llevar un seguimiento, descubriremos que, junto a ciertos intentos esporádicos, hay otros sistemáticos. Es decir, que ciertas direcciones o servicios van tanteando los diversos puertos de Internet, intentando descubrir alguna fisura por donde introducirse.

Si un spammer o un hacker logra encontrar tal hueco en nuestras defensas, podrá tomar control de nuestra computadora, obtener información confidencial o simplemente, el menor de los males, lograr datos acerca de nuestras preferencias de navegación. Datos con los cuales podrá eventualmente traficar, vendiendo direcciones con un cierto perfil en la red.

Ni los navegadores ni el propio Windows permiten esconder la dirección IP al mundo exterior. Cuando se trabaja desde una conexión por módem, el riesgo es estadísticamente menor, ya que cada vez que conectamos recibimos una dirección IP distinta. Pero si en algún momento somos asaltados, el intruso puede sembrar un programa espía en nuestra PC, que a partir de entonces se encargará de establecer el enlace con el “centro de control remoto” desde la conexión actual, sea del tipo que sea, cada vez que accedamos a Internet.

Otra cosa es cuando tenemos una dirección IP fija para conectar a la red. Si formamos parte de un red en una empresa, el firewall corporativo se encarga de ocultar todas las direcciones y movimientos particulares, encubriéndolos bajo una única dirección de cara al exterior. Lo que significa que los movimientos o navegaciones individuales quedan todos mezclados y resultan más confusos para cualquier análisis.

Pero si disponemos de una dirección IP fija, debido a contar con un servicio de banda ancha, y se trata de una navegación individual, deberemos extremar las precauciones. Y no sólo de cara a mantener la seguridad, mediante antivirus perfectamente actualizado y firewall bien configurado, sino también la privacidad.


Revisión offline

Cuando reciba correos sospechosos, no solicitados y/o provenientes de direcciones genéricas, ni siquiera intente visualizarlo, o previsualizarlos, mientras esté conectado a la red. Las modernas técnicas de codificación HTML, junto con algunas debilidades y vulnerabilidades de los navegadores, permiten crear páginas o mensajes de correo que “avisan a casa” o informan de quién y cuándo está visualizándolos.

Otra forma de aumentar la privacidad es borrar periódicamente las cookies, o incluso no aceptar ninguna. Sin embargo, la segunda modalidad no siempre es aceptable ya que algunos servicios requieren el uso de cookies para su funcionamiento y no presentan sus páginas hasta que el navegador no acepta la cookie.

En principio, las cookies se idearon para almacenar datos de personalización sobre el sitio, y así no tener que teclear claves o valores de configuración cada vez, y poder ofrecer un servicio más personalizado con menos esfuerzo para el navegante. Pero la idea original ha sido aprovechada para otros formas más sutiles de recabar información de un usuario.

Las cookies en sí mismas no son elementos peligrosos, ya que no pueden acceder a información confidencial de nuestro ordenador, pero son factores intrusivos. Muchos sitios Web registran en las cookies las diversas páginas Web por las que navegamos, el tiempo que estamos en ellas y las veces que hacemos clic sobre ellas, ya sea en anuncios o en enlaces. Con estos datos podrán crearse una idea precisa de nuestros gustos y hábitos, y así crear un perfil nuestro, que posteriormente venderán a otros agresivos mercaderes, que inundarán nuestro correo.

Incluso si no aceptamos cookies, hay otras maneras, igualmente ocultas de seguir nuestro rastro. Los denominados fallos del navegador, web bugs, hacen posible que un servidor Web nos tenga controlados. Un web bug puede tomar la forma de un pequeño elemento gráfico en una página Web, incluso oculto por ser del mismo color que el fondo de la página. Al tomar nuestra dirección IP para enviar el gráfico, el servidor puede mantener un cierto seguimiento del resto de nuestra posterior navegación.

Un sistema, bastante elemental, pero de excelente eficacia es el cierre de sesiones. Algunas de las cookies, o de las formas de mantener el seguimiento, sólo son posibles dentro de una sesión de navegación. Si tras, por ejemplo, visitar ciertas páginas cierra el navegador y luego vuelve a abrirlo, esto supone crear una nueva sesión, diferente de la anterior, y por tanto sus perseguidores “perderán el rastro”, incluso si hubieran logrado colocar cookies o hubieran utilizado web bugs.

GLOSARIO

COOKIE, literalmente galleta. Pequeño archivo de texto que almacena fragmentos de información, enviados desde un servidor. El navegador, en principio, sólo acepta devolver información sobre la cookie al sitio Web que la envió. Las cookies no obtienen información de datos almacenados en el disco duro. Simplemente graban valores que indica el servidor Web, pero pueden recoger cierta información del navegador.

WEB BUGS, fallos o vulnerabilidades del navegador, que permiten que éste se comporte no meramente como elemento de visualización bajo nuestro control, sino que envíen de vuelta cierta información sobre los pasos de nuestra navegación.

Adaptado de ©Buongiorno 2001 Surf Internet, autor Juan Rubio

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