La Moderna Ciberguerra
La guerra ha empezado. O como señalan algunos portavoces, la respuesta a la guerra iniciada el pasado día 11 de Septiembre, ya ha llegado. Mientras las bombas llueven sobre el, desde aquí, lejano país de Afganistán, el ciberespacio es también zona de guerra.
En la era de la informática, los sistemas de información juegan un importante papel. Los misiles guiados mediante la información suministrada por satélites, las “bombas inteligentes”, capaces de buscar su objetivo, o los misiles crucero, junto con los sofisticados aviones espía, con o sin tripulación, ya están en acción. Todos ellos incorporan sofisticados dispositivos electrónicos e informáticos para lograr su “misión”.
Pero además hay una guerra subterránea, que se juega en la red, o mediante la red. La policía sospecha que los terroristas han utilizado Internet como medio para comunicarse, mediante crípticas claves para referirse a sus acciones y propósitos a la antigua usanza, en lugar de recurrir a la clásica codificación de datos. Una codificación que los avanzados sistemas americanos están en condiciones de romper.
Claro está, que para ello previamente hay que
localizar los correos que deben ser intervenidos y decodificados. Así que la
vigilancia electrónica, los descifradores de claves y la interceptación de
correos, uno de los pilares de la defensa estadounidense mediante el uso de la
moderna tecnología, han fracasado totalmente.
Comunicación en medio del desastre
Curiosamente, en esta guerra la red ha mostrado su poder al jugar un importante papel, ya desde los primeros momentos de la tragedia del 11 de Septiembre. En el momento inicial, la difusión de las cadenas de televisión en Nueva York quedó inoperante, ya que los principales repetidores estaban situados, precisamente, en las azoteas de torres gemelas. Así que la principal cobertura informativa pública desapareció con ellas.
El desastre afectó a las comunicaciones de la comercial zona de Wall Street, una de las de mayor tráfico del mundo. Y sobre todo a los teléfonos, que se saturaron rápidamente, colapsando las pocas líneas que habían quedado intactas. Así que el principal flujo de información y comunicación entre personas se logró y se sostuvo gracias a la red.
Miles de personas pudieron hacer saber a sus parientes y amigos que estaban vivos, o recabar datos sobre otras personas. Así como conocer, dentro y fuera del país, el minuto a minuto de los acontecimientos. Aunque si la fuente consultada no era razonablemente fiable, los datos carecían de valor. Pero así ocurre en general en la red. En esos momentos de crisis los navegantes acudieron en masa a fuentes fidedignas, como los tradicionales periódicos, naturalmente en su versión electrónica para seguir puntuales la evolución de los hechos prácticamente en tiempo real.
Pero, además, los acontecimientos posteriores
han dado mayor valor a la red. La actual psicosis sobre el correo contaminado
con ántrax, del cual ya se han confirmado varios casos, sin duda reforzará el
papel del correo electrónico, libre de esporas aunque no de virus
informáticos, como medio de comunicación.
Nacida para la guerra
Internet es un medio de comunicación impresionante. Y no hay que olvidar que el embrión de Internet, Arpanet, fue creado como medio para evitar la destrucción de los centros de datos. Impulsada por el departamento de defensa de Estados Unidos de América, la red fue diseñada para disponer de una estructura de información y comunicaciones descentralizada, y que así fuera inmune a un ataque contra uno o varios de los servidores.
No hay que olvidar que una de las modalidades de ataque nuclear consiste precisamente en crear una onda electromagnética que destruya o anule los sistemas electrónicos del enemigo. Lo cual es válido cuando el enemigo se basa también en comunicaciones habladas y sistemas electrónicos de guiado de las armas.
Pero en esta ocasión el enemigo no pelea al mismo nivel. Ni cuenta con los mismos medios. Lo cierto es que al ser Afganistán un país carente casi por completo de sustrato cibernético, la red no puede ser usada ni como medio de comunicación desde el interior, tal como ocurre en otros países controlados por regímenes autoritarios, ni como punto de penetración de un enemigo con mayores medios en este sentido.
Pensadas para una batalla de igual a igual, los grandiosos medios informáticos estadounidenses no encuentran al rival. Y más bien su tamaño supone una desventaja. De igual forma que en una guerra de guerrillas, o en el planteamiento de lucha terrorista, el pequeño atacante busca la sorpresa atacando cada vez en un punto distinto y con un método diferente.
Así que lo que supone la mayor ventaja de la
red, su falta de centro o núcleo, también resulta su mayor debilidad y un gran
quebradero de cabeza para los administradores que deben proteger todos los
sitios. Las diversas vulnerabilidades descubiertas en muy diversos programas
relacionados con sitios Web, e incluso en algunos de los protocolos básicos de
Internet, hacen que los ataques e intrusiones a los sitios estén a la orden del
día. Aunque en la mayor parte de las veces la caída del sistema no tenga que
ver con un episodio de guerra cibernética.
Batallas y espionaje en la red
Algunos hackers parecen haber tomado la iniciativa y están haciendo una particular guerra por su cuenta. En un primer momento algunas voces llamaron a los “patriotas” navegantes a realizar ataques contra toda página relacionada con los supuestos autores de los ataques terroristas. Tanto en el sentido de saturar los sitios, como de hacerlos caer o incluso desfigurarlos, cambiando sus mensajes originales.
Un segundo tipo de respuesta ha llegado luego, con “ataques” más selectivos y con un propósito más puntual y más relacionado con la red: obtener información del “enemigo”. Entre sus iniciativas están las de realizar intrusiones en bancos, teóricamente sospechosos de albergar cuentas de algunos de los, de nuevo, supuestamente responsables de los ataques de trágico 11 de Noviembre a las torres gemelas.
De creer en sus propias palabras, ciertos grupos de hacker han logrado burlar los sistemas de seguridad de al menos un par de bancos árabes, y acceder a datos confidenciales, buscando detalles sobre el declarado sospechoso y enemigo número uno, Osama Bin Laden, y sus empresas y asociados que sirven como fuente de financiación de los terroristas.
Una vez analizado el material, los hackers lo pondrán en manos del FBI. Lo cual puede plantear a este organismo, que tiene una división especializada en luchar contra los ataques y fraudes informáticos, un curioso dilema: perseguir a los hackers que intentan ayudarles conforme a las leyes vigentes, o aceptar pruebas obtenidas por medios ilegales (y perseguibles por la justicia que representan).
Dado que los acontecimientos del 11 de Septiembre han cambiado el mundo y sus reglas, cualquiera de ambas opciones puede resultar válida. Sobre todo cuando otros recursos más legales y tradicionales no parecen dar el fruto apetecido.
Publicado en ©Buongiorno 2001 Surf Internet, autor Juan Rubio